5/6/06

Tiene usted razón al pensar que no he bajado de ninguna parte, pero se equivocaría si creyese que lo lamento. Huyo de los ascensores como un perro huye del agua. No es que se nieguen a abrirme sus puertas ni que me de pánico encerrarme en ellos. Es que los ascensores en movimiento me excitan y entonces pierdo la dignidad. Y aunque me gusta que me exciten, también me gusta que dejen de hacerlo cuando la dignidad me lo exige.

Jean Marie Koltes.

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